San Rosendo,
nuestro patrono
Perteneció San Rosendo a una familia identificada plenamente en su historia personal con el reino asturleonés. Nació el 26 de noviembre dela ño 907, cerca de Santo Tirso, en las inmediaciones de la ciudad de Porto: Era hijo de Gutier e Ilduara, miembros de la nobleza de la época. Su nacimiento e infancia estuvieron marcados de signos especiales que señalan la misión espiritual a la que estaba llamado. Ya desde niño había sido excepcionalmente obsequiado con diversas donaciones por parte de personas importantes, que servirían en el futuro para las diversas fundaciones monásticas en las que tomó parte. Los territorios que fue recibiendo a lo largo y ancho de Galicia, tanto por el norte como por el sur, muestran un Rosendo que crece entre la riqueza de los bienes, propia de la familia noble del siglo X.
Su padre y su madre quedaron muy agradecidos a Dios por el nacimiento de este hijo, muestra de ello fue la entrega de la mayor parte de sus posesiones para una nueva estructuración del territorio de Galicia, cosas que realizarán a través de las fundaciones monásticas. Don Gutier, en acción de gracias, sin dejar sus cargos, se dedicó en adelante a fundar monasterios y reconstruir Iglesias. Fue un hábil gobernante y un cristiano piadoso; transmitió a su hijo el rico legado de su robusto carácter. Doña Ildura, por su parte, fue dotando a las iglesias y monasterios que había restaurado y fundado su marido, con un patrimonio y todo lo necesario para el culto sagrado. Santa Ildura, noble y desprendida, fervorosa y santa, había merecido este premio de un hijo que llegaría a ser grande ante los ojos de Dios y de los hombres.
Rosendo, siguiendo las costumbres de la época, desde niño estuvo bajo la protección de su tío paterno Sabarico II, obispo de Mondoñedo, para ser educado en el monasterio de San Martín, centro de cultura y espiritualidad, famoso en Galicia por acoger la tradición monástico-cultural del monasterio dumiense, que estuvo cerca de Braga. Guiado por este obispo comienza su aventura intelectual, recibiendo con agrado y madurez la educación que se le impuso. Cultivó al mismo tiempo otras virtudes tan importantes como las intelecutales, muy pronto creció su fama de persona entregada, servicial, dadivoso, alegre, modesto, recogido, etc.
Probablemente Rosendo haya estado en algún otro monasterio gallego donde continuase sus estudios y profundizase en la Sagrada Escritura y los Santos Padres; los estudiosos señalan la posibilidad de que fuese en Caaveiro o Portomarín, con los que sin duda estuvo relacionado nuestro patrono. La comunidad monacal de San Martín lo elige obispo en torno al año 924 tal como puede demostrarse a través de su firma en algunos documentos de aquellos años. Contaba por lo tanto con 18 años cuando fue elegido obispo-.abad de aquella Iglesia mindoniense.
Su misión pastoral hemos de entenderla a la luz de la reestructuración territorial que se llevaba a cabo en Galicia en el siglo X: hay una coincidencia general de que la estructuración de la sociedad debe ser hecha en torno a los monasterios, que serán los centros de cultura, de evangelización, de gobierno y de estructuración del hábitat. Por esto, el obispo Rosendo trata de separar las propiedades, promover la paz entre diversas familias, reconstruyendo numerosos monasterios en todo el noroeste peninsular y teniendo como horizonte la obra de su vida, la construcción del monasterio de San Salvador de Celanova.
Con esto percibimos que la forma de obispo que encarnó San Rosendo no es comparable a la del obispo actual. El fue un obispo animador y custodio de la fe, pero al mismo tiempo una autoridad civil y militar bajo directrices de la monarquía asturleonesa, familia a la que él mismo pertenecía.
Como ya hemos dicho, en su punto de mira estaba la construcción de un gran monasterio que sirviese de modelo para toda la vida monástica de Galicia, superando las formas del monacato fructosiano y de los monasterios familiares y dúplices que empobrecían el panorama humano y espiritual gallego.
Con esta fundación se da el paso definitivo para la implantación de la regla benedectina en Galicia, razón por la cual muchos monasterios gallegos benedictinos tendrán a San Rosendo por padre y maestro. La fundación de Celanova represente una concepción nueva y aristocrática de la vida monástica en sentido litúrgico, espiritual y social del monacato. Por ello, Celanova será la conclusión de una esperanza que San Rosendo alberga en su corazón: poder vivir la vida monacal como forma y modelo de existencia. Esta esperanza se verá cumplida entre los años 944 y 948 en el que consagra tal monasterio y se retira a vivir en él.
San Rosendo vuelve a ser llamado al servicio de la sociedad gallega por el rey Ordoño III, que le encarga el gobierno y defensa de Galicia tal como ya había hecho su padre el conde Hermenigildo Gutiérrrez. No solo se ocuparía del gobierno de Galicia, sino que para resolver un problema de la diócesis de Iria, que había sido pastoreado por su pariente Sisnando, se hará cargo también de aquella sede.
La inquietud de Rosendo por la vida monástica le conduce de nuevo a Celanova, donde vivirá en santidad al servicio de los monjes sus hermanos. Allí murió el primero de marzo del año 977. Sus restos mortales fueron siempre guardados como un valioso tesoro, primero enterrado en la Iglesia de San Pedro y más tarde, con motivo de su canonización, en el altar mayor, hasta la actualidad en que su sarcófago está en el retablo mayor de la iglesia de Celanova.
Fue canonizado, en la Iglesia de Celanova, por el Cardenal Jacinto Bobo en el año 1172, el cual, siendo papa bajo el nombre de Celestino III, amplía su culto a la Iglesia universal en una solemne ceremonia celebrada en San Juan de Letrán el 9 de octubre de 1195.
No sabemos la fecha exacta en que fue elevado a la condición de patrono de la diócesis de Mondoñedo. Pero si tenemos constancia, desde la baja edad media, de la existencia de tal patronazgo y del oficio litúrgico propio celebrado en la catedral mindoniense.
La Diócesis de Pinar del Río fue fundada el 20 de febrero de 1903 bajo el pontificado de S. S. León XIII, y tiene como patrono a San Rosendo, quien fue elegido, según la tradición oral, por “ los primeros vecinos de la diócesis, que en su mayoría eran gallegos, (...) escribieron en papeletas el nombre del Santo de su preferencia, echándolas luego en un sombrero, invocaron la inspiración del Espíritu Santo y mezcladas las papeletas, uno de ellos, sacó una al azar y salió el nombre de San Rosendo, natural de Galicia” ("Pinar del Río, 300 años de compromiso evangelizador", P. Joaquín Gaiga)

Oración a San Rosendo
Oh glorioso Patrono, que estando seguro ya de tu inmortalidad, aún te acuerdas de nosotros; ayúdanos ahora con tu valimento ante el Señor, y sean los ejemplos de santidad que nos diste espejo en que nos miremos para seguir tus pasos. Fuiste como nosotros probado por la enfermedad y por la tentación; pero apoyado en la fe, en la caridad y en la esperanza supiste despreciar al mundo y sus vanidades y vencer al demonio. Haz que sea imitador tuyo, como tú lo fuiste de Cristo; que ame a los pobres como tú lo amaste, que venere a la Iglesia Santa como tú la veneraste, y que el celo por el decoro de la casa de Dios me inflame como a ti te inflamó. Te ruego, San Rosendo, que presentes ante Dios mis oraciones y mis necesidades de alma y cuerpo. Me encomiendo a tu piedad; bajo tu protección me pongo. Defiende a esta ciudad: sé el ángel tutelar de ella; ampara la niñez, defiende a la juventud; sé fortaleza de los hombres graves y báculo de los ancianos; defiende a nuestros hogares y enciende en el corazón de todos el fuego del divino amor. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.